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Juan "el botones"

Cuarenta años, cuatro meses y once días

Quienes hayan seguido las entrevistas que han ido apareciendo en esta revista, en las que contamos algo de la historia de nuestros jubilados, habrán comprobado que muchos de ellos, aparte del nombre, tienen "nombrete". Algún día tendremos que hacer la lista de apodos, motes y alias de los trabajadores, sobre todo de los más antiguos que se ganaron el invento por parte de los propios compañeros. Es el caso de hoy, para todos Juan González Rivero es "el botones". Se lo ganó a pulso porque para Juan el tema de los botones era una cuestión importante.



El bautizo le llegó en los años ochenta, cuando Juan era inspector en la compañía. Algunos de los conductores, por el calor, por costumbre o por dejadez, incumplían la norma de la empresa y llevaban la camisa desabrochada, "parecía que eran de la Legión, así que cuando veía a uno con la camisa abierta le decía que se abrochara, a algunos les gustaba y a otros no, pero las normas hay que cumplirlas, y la norma es que se permiten sólo dos botones desabrochados. Además hay que dar buena imagen ante los viajeros". Juan tenía "calados" a los que siempre andaban con la camisa al estilo legionario, controlaba el tema, y claro, al final los conductores lo bautizaron como "el botones". Se enteró pero no se enfadó, tiene asumido el segundo nombre como parte de su historia.

Juan González Rivero se jubiló el pasado año tras cuarenta años de trabajo en Guaguas Municipales, él es más preciso, "tras 40 años, 4 meses y 11 días". Cuando entró en la empresa como cobrador tenía veinte años, pudo ser otra cosa pero no quiso. Lo normal en la época es que, tras un tiempo de cobrador, los trabajadores pasaran a conductores, Juan lo hizo pero sólo durante 4 meses, no quería conducir. "No me gustaba, no me llenaba, lo que yo quería era tener contacto con la gente". Estuvo nada menos que doce años en la línea de San José y todo el mundo le conocía, sobre todo los niños, "los críos decían ¡ahí viene el cobrador que no sabe hablar!, y es que para que la gente se moviera yo gritaba ¡arrejálese p'adrentro que está el centro vaciaó!, y la verdad es que me hacían caso".

De cobrador a inspector. En 1980 se presentó a una oposición y la ganó. Diez años después fue jefe de tráfico, y se ha retirado con la máxima categoría, jefe de zona. "Seguramente soy el único trabajador de Guaguas que he pasado por todas las categorías". Afortunadamente para la empresa la saga continúa, su hijo es conductor en activo.

También para Juan, como para todos los compañeros que se han jubilado y que vivieron los tiempos primeros de la empresa, el balance es positivo, su recuerdo está lleno de buenos momentos, "en estos cuarenta años de trabajo me lo he pasado muy bien. La verdad es que lo de las guaguas era casi vocacional, me gustaban, tanto que estuve tres años esperando para poder entrar en la empresa. Cuando un día me llamaron me dieron sobre la marcha el uniforme y la cartera y entré a trabajar en la línea 9 que entonces iba desde Primero de Mayo hasta Pedro Infinito".

Dice "el botones" que antes el trabajo era más ameno porque la gente era distinta. "No había vandalismo, algún borrachillo pero nada más". En la Nochebuena de 1961 se le montó en la guagua un grupo del barrio de San Juan con panderetas y guitarras, "no les dejé bajarse en toda la noche".

Tiene muchas anécdotas de su trabajo de tantos años, y de todos los colores, ésta es de color rojo. Una vez se subió su hermano a la guagua para pedirle dinero, y Juan le dijo "ya estás tú como las monjas, siempre pidiendo, y mi hermano que se ríe y yo me vuelvo y justo detrás estaba sentada una monja, me quedé coloraó".

Una de sus buenas obras la hizo meses antes de jubilarse desde la terminal del Teatro. Una extranjera se había olvidado el bolso en la guagua, la angustia de la señora y de su hija eran tremendas porque horas después volvían a su país y en el bolso iban los pasaportes y los billetes de avión. Hubo rapidez y suerte, los contactos por radio funcionaron a buena velocidad, un viajero había visto el bolso y lo tenía uno de los conductores, se recuperó todo. Muy agradecida quedó la señora porque mandó un e-mail a la empresa diciendo maravillas de quien tan bien la había atendido. Juan, enhorabuena por tus 40 años de trabajo. Con tu buen caracter seguro que los próximos cuarenta serán igual de buenos, o mejores.