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Concurso de redacción "Mi ciudad en Guagua"

Primer premio para una niña de 8 años

El concurso de Redacción para escolares de Primaria y Secundaria tuvo en total seis ganadores, tres por cada modalidad. En sucesivas ediciones ofreceremos las redacciones ganadoras del concurso. Iniciamos la serie con el primer premio de Primaria que fue para la niña de 8 años Elisa Sánchez Peña.

Érase una vez una guagua que circulaba por las calles de Las Palmas de Gran Canaria. No era una guagua normal porque era agradable, estudiosa, responsable y educada. Era estudiosa porque se había aprendido de memoria todas las calles de las ciudades, sobre todo las de su ciudad. En ella no había conductores sino una bonita y cariñosa cara, con ojos, boca, nariz, etc. Todo lo que tiene una cara menos el mal genio y las regañizas.

En la misma ciudad vivía un señor que se llamaba don Federico, un conductor de coche que siempre llegaba al trabajo de mal genio, con la cara arrugada porque había atascos en la autopista y un montón de coches en las calles de la ciudad.

Un día el coche de don Federico y la guagua se encontraron y el coche le dijo a la guagua, "estoy cansado de aguantar las quejas de mi conductor, ¡es que él siempre va enfadado al trabajo porque hay atascos y da muchos frenazos!. Ya no sé qué hacerle porque estoy a punto de reventar como un volador".

Entonces le dijo la guagua, "tranquilízate amigo porque si no puedes tener algún accidente. ¡Tengo una idea!, tú haces que estás roto y así él se tendrá que subir en mí y disfrutará del paisaje. Así te dejará descansar algunos días y estarás más relajado".

"¿Vale?", dijo la guagua. "¡Vale!", dijo el coche. Y así fue. El coche hizo que estaba roto y don Federico tuvo que coger la guagua para ir al trabajo.

Entonces, el tiempo se paró y la guagua empezó a dar vueltas por muchas calles de la ciudad hasta llegar al trabajo de don Federico. A él le pareció alucinante porque aunque don Federico había pasado muchas veces por todas esas calles, como tenía que ir conduciendo y siempre había atascos, frenazos, pitas y accidentes, nunca podía ver el paisaje como lo estaba viendo sentado tranquilamente en la guagua.

Desde ese día pudo ver mejor el paisaje de su ciudad, y se fijaba en los parques, en los barrios, en las calles, en los edificios, en las playas, en el puerto, y pudo conocer a más gente. Gracias a la guagua no tenía que aguantarse los atascos sino que pasaba por los atajos que había conocido cuando iba en ella. Siempre que podía dejaba el coche en su casa y cogía la guagua para ir al trabajo. Casi nunca cogía el coche, sólo lo sacaba cuando iba al sur a llevar a sus hijos a la playa o si tenía que hacer otras cosas.

Y así se hicieron tan amigos que don Federico los días que no tenía que trabajar se iba de excursión con su familia y se subían todos en la guagua para que conocieran el paisaje de su preciosa ciudad llamada Las Palmas de Gran Canaria.