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Angelita, la pionera de las guagüeras

En los años setenta causó sensación


Ni un accidente ni una multa en sus años de guagüera, y lo recuerda con orgullo y satisfacción. Ángela Pérez Guerra, para todos es simplemente Angelita, una mujer de caracter. Fue noticia en todos los periódicos allá por los años setenta del pasado siglo, era la primera vez en la historia que los ciudadanos veían a una mujer conduciendo guaguas por las calles, debió impresionar a más de uno.

Angelita lo cuenta con toda naturalidad, como si no hubiera marcado un hito, y es que todo son buenos recuerdos. No tuvo problemas, dice que los compañeros la recibieron muy bien, que siempre la trataron con mucho respeto. "El único problema lo tuve con un gerente que quiso que me pusiera falda para conducir, yo le dije que no, que a mí nadie iba a verme el meneo de las piernas, insistió mucho y seguí con mis pantalones, al final me dejó en paz".

La trayectoria de Angelita es de ida y vuelta, primero empleada, poco después empresaria, y de nuevo empleada. Con la edad justita se sacó el carnet de conducir, la empujó su entonces novio, "me ponía el coche en la mano así que cuando fuí al examen ya tenía mucha práctica, encima el carnet me lo pago él". A partir de ahí empezó a gustarle esto de conducir y, demostrando que ya desde joven tenía buenos arrestos y no se asustaba ante nada, trabajó en camiones de carga para una empresa. Con poco más de veinte años ya conducía guaguas de las discrecionales en rutas por Telde y el Sur.

"Siempre he tenido mucha fuerza en las manos, y la sigo teniendo". Angelita es un caso curioso, manos potentes para manejar un volante pero a la vez delicadas y precisas porque, cuando no había camiones o guaguas por medio, se dedicaba a su otro oficio, coser y bordar. El gran salto de su vida lo da estando cerca de los treinta años, ya casada y con dos niñas pequeñas, cuando decide comprar dos guaguas urbanas de la Patronal de Jardineras, "había decidido ser empresaria, sabía que yo tenía caracter y había aprendido mucho viendo a otros patronos, así que compre a plazos dos guaguas, por 750.000 pesetas cada una". Contrató cuatro chóferes, uno de ellos su marido, y cuando los empleados descansaban ella era el retén que cogía los vehículos para hacer los servicios.

Angelita está lanzada, años después compra tres guaguas más y es ya la propietaria de una flota de cinco y emplea a diez chóferes. Reconoce que en aquel tiempo se ganaba dinero pero había que ganarlo con esfuerzo, "trabajaba mucho, me privaba de todo, y seguía conduciendo". Su etapa de empresaria termina cuando llega la municipalización de las guaguas, entonces Angelita vuelve a ser empleada, y sigue conduciendo. Ironías de la vida, la mujer que nunca tuvo un accidente se ve retirada del volante tras sufrir uno de coche en el que ella no era la conductora. La pionera de las guagüeras tiene que retirarse en enero de 1988. Desde ese año desempeña trabajos de oficina.

Dice que el próximo año se jubilará. Cuando le preguntamos que recuerdo tiene de sus años de guagüera lo dice con la boca llena, "un recuerdo de habérmelo pasado muy bien, de haber estado muy a gusto con mi trabajo". Celebra que, por fin, una mujer entre de conductora en Guaguas Municipales "¡ya era hora!", y desde su larga experiencia le aconseja a María Luisa, "que tenga mucha precaución en la carretera porque transportar personas es una gran responsabilidad".


María Luisa, primera conductora de la etapa moderna

Va a marcar otra etapa histórica en las guaguas de nuestra ciudad, es la primera mujer guagüera de la "etapa moderna" de la compañía. Seguramente no lo pensó el día que se presentó a los exámenes para conductora de Guaguas Municipales, de hecho sus esperanzas no eran muchas, "en aquel momento pensaba que no iba a pasar las pruebas, no porque no me sintiera preparada, sino porque no sabía si la empresa estaba decidida a aceptar mujeres, pero aquí estoy". Se presentó a la convocatoria porque buscaba una estabilidad laboral y porque le gusta el transporte, le gusta conducir.

María Luisa Suárez Almeida, 33 años y de Guía, tiene un buen tanto a su favor, cuenta con experiencia. Sabe lo que es conducir vehículos grandes porque ha trabajado en el transporte escolar, y ha manejado guaguas de viajeros para empresas radicadas en Gáldar. Su vida laboral se ha completado con trabajos de oficina, ha estudiado administración de empresas, y su último empleo fue como oficial en la Administración de Justicia.

María Luisa tiene un conflicto de sentimientos. Está contenta por el trabajo que inicia y por el reto personal y profesional que supone, también está un tanto nerviosa y esperando la reacción de los viajeros cuando la vean al frente de una guagua, y encima sabe que va a tener mucha responsabilidad y que va a ser objeto de atención. Una mezcla de sentimientos, un poco de todo.



¡Ya era hora!

Mujeres en todas las profesiones y oficios, en todas las empresas, mujeres en la policía, en el taxi, en el ejército, en la política, afortunadamente ya no es noticia que una mujer se incorpore a cualquiera de los sectores laborales. Bueno, casi no es noticia. Porque faltaba algo, en esta empresa quedaba algo por contar, que por fin una mujer entrara como conductora de guaguas. Ya podemos decir que tenemos una guagüera en la plantilla. El mejor resumen nos lo dió Angelita -la única que ha conducido guaguas en esta ciudad- cuando se enteró que una mujer entraba en la empresa como conductora, Angelita dijo ¡ya era hora!.

La imagen y el trabajo del guagüero siempre se asoció a los hombres, no había discriminación pero las cosas eran así. Tampoco ha habido en este caso lo que se llama "discriminación positiva" sino igualdad de oportunidades, la aspirante se presentó a los exámenes que se convocaron en 2001 y de los que salieron 250 aprobados que integraron una Bolsa de Trabajo. Desde diciembre de ese año se empezaron a contratar conductores, a medida que se iban produciendo vacantes, y siempre acudiendo a esa lista. La aspirante número 56 era María Luisa, llegó su oportunidad y aquí está. Bienvenida.