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Ortiz Wiot, Alcalde de 1974 a 1977

La intervención, paso previo a la municipalización de las guaguas

Se le recuerda como un demócrata en unos tiempos en los que no era apropiado utilizar semejante palabra. Se le estimaba por su capacidad de diálogo en esos años en los que todavía la autoridad era la única regla de actuación. No fue elegido Alcalde en unas elecciones democráticas porque esa fórmula aún no existía. A Fernando Ortiz Wiot todavía le reconocen hasta los taxistas, prueba inequívoca de que dejó huella, buena huella. No hay que olvidar que fue designado Alcalde hace 30 años, en 1974, y que cerró aquella etapa en diciembre de 1977. Nadie le quitó, él se fue por propia voluntad. “Debí ser el único Alcalde de la época que dimitió”.

Ortiz Wiot vivió la pura transición, la última etapa de Franco y la primera de Suárez. Para demostrar eso tan sabido de que la política la hacen más las personas que las ideas, recuerda que fue mejor trabajar con el último gobernador civil de la época franquista que con el que le tocó en suerte después, “curiosamente con Martínez Cañavate tuve libertad para actuar, mientras que con Francisco Laína sólo tuve dificultades”. Y más dificiles fueron las cosas al decidir no entrar en la UCD. A final de 1977 hizo balance, no conseguía ayudas para la ciudad, su situación económica personal se resentía, se le amontonaba el stress y las preocupaciones, y a los tres años y medio de ser nombrado, dimitió. “Poco tiempo y aún así fue demasiado, porque se sufría mucho. La ciudad era un desastre, no había servicios mínimos ni dinero para conseguirlos, los barrios estaban abandonados, aquella realidad dolía porque no se podía hacer nada”.

Fernando Ortiz Wiot está en estas páginas más que por su vida política porque él fue el Alcalde que decidió la intervención del servicio de guaguas, lo que se conoció popularmente como el secuestro de la concesión, y que fue el paso previo y necesario para la municipalización de 1979. Se encontró con una Patronal de Jardineras Guaguas que era un grave problema, “cada guagua era una empresa, resolver una cuestión con los patronos era prácticamente imposible, cada uno funcionaba a su aire. Les requerimos para que constituyeran una empresa única, no lo hicieron, y entonces llegó la intervención municipal”.

Fernando tuvo muchas reuniones con los obreros (así se les llamaba entonces) y les dió tranquilidad en el sentido de que buscaría una solución. Todavía recuerda a algunos de aquellos veteranos de las guaguas, a Marcelino, al “conejero”, a Goyo, al “cabeza”, dice que todos eran duros pero buena gente, y que peor relación tuvo con algunos de los patronos. La intervención de la Patronal se hizo manu militari, “fuimos a tomar posesión de las guaguas en compañía de la Policía Local a aquella sede de la calle Aguadulce. Había mucha hostilidad en el ambiente aunque no hubo problemas, el comportamiento de los patronos fue correcto. Al final sé que hicieron un gran negocio cuando les pagaron las guaguas después de que llegara la municipalización”.

Antes de tomar la drástica decisión de la intervención municipal del servicio, se había barajado la posibilidad de crear una sociedad anónima laboral o, lo que era la preferencia del entonces Alcalde, una sociedad mixta con 25% del Ayuntamiento y 75% de los empleados. Para ver si podía conseguir ayuda para esa reconversión, Ortiz Wiot se fue a Madrid, pero el potente ministro José Solís le dijo que para ese proyecto no daría ni una perra. El Ayuntamiento no tenía dinero para afrontar ningún reto, así que no quedó más camino que la intervención, “el entonces jefe de policía y de tráfico, Fermín Monzón, introdujo algunas mejoras en el servicio pero hubo poco tiempo y, sobre todo, muy pocos medios”.

A pesar de las penurias de la época, Fernando guarda muy buenos recuerdos, sobre todo de las personas porque, dice, se portaron muy bien con él. Ha seguido con interés la evolución de la empresa, la llegada de nuevos vehículos para la flota y la incorporación de rampas para hacerlas accesibles. Hoy es feliz, su trabajo como abogado y su extensa familia, cinco hijos y siete nietos, le llenan la vida.




En la fotografía de los años 70 están Fermín Monzón, Anastasio Molina, Fernando Ortiz, Diego Cambreleng y Jacinto Montesdeoca. Fue la presentación de las guaguas rojas y su primer servicio por la autovía.