En marzo de 2000 ya era famosa y estaba en Las Palmas de Gran Canaria dirigiendo una obra en el teatro Guiniguada, eran justo los días previos a la entrega de los Oscar y todavía no se sabía si “Todo sobre mi madre” -la película que la había lanzado a la fama- lo ganaría. Lo que descubrimos para muchos en aquel número 4 de esta revista es que Antonia San Juan era hija de guagüero. Su padre Agustín, un hombre muy querido y recordado por sus compañeros de la época, trabajó en las guaguas desde 1952 hasta su muerte en 1987. En la conversación que mantuvimos en el 2000 Antonia contó con cariño aquellos años infantiles y nos dejó escrita una dedicatoria que decía, “Mis recuerdos están en las paradas de guaguas esperando a mi padre para llevarle la merienda. Muchas gracias. Él sería feliz si viviera compartiendo estos momentos que son los más felices de mi vida en todos los aspectos”.
En aquella conversación Antonia se declaró una mujer feliz y, muy contundente, nos dijo aquello que pusimos en el titular de la entrevista, “en mi vida no hay sombras, sólo luces”. Hace seis años ella no se podía imaginar la cantidad de luces que iba a tener en el gran escenario del parque Santa Catalina siendo la pregonera del Carnaval 2006. Fue el mejor pregón que Antonia San Juan podía ofrecer, en su estilo y con su gracia, haciendo reír al público y dejando buena muestra de su talento y de cómo una gran actriz puede llenar un escenario con su sola presencia.


Antonia en el Carnaval Latino 2006 y en aquella entrevista del año 2000.