Han tenido que llegar los avisos serios para que todos empecemos a tomar conciencia del peligro. Expertos y gentes preocupadas alertaban desde hace años del riesgo del cambio climático, del calentamiento del planeta que ya se estaba detectando, poco caso se les ha hecho. Pero la situación está cambiando porque ya se está viendo el efecto; porque ya es un hecho, no es un futurible, está encima de nosotros y ha llegado la preocupación. El aviso tocó la puerta, sabemos que en los últimos años se han registrado una sucesión de fenómenos extraños como olas de calor, huracanes, sequías, ciclones, lluvias torrenciales. Tocó en nuestra puerta cuando del tópico “el tiempo está loco” pasamos en 2005 al estupor de ver llegar a Canarias la tormenta tropical Delta, tras una trayectoria rara, inusual. El tiempo no está loco, lo hemos vuelto loco.
La ventaja del miedo es que el problema se hace noticia, se divulga, y nos enteramos, por fin, que estamos en peligro. Esto sí es la auténtica globalización, porque el problema del cambio climático lo hemos causado entre todos, todos lo sufrimos, y en la mano de todos está la solución. La teoría es conocida. En síntesis, el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera está calentando el planeta, el calentamiento lo provoca –entre otros gases- la emisión de dióxido de carbono, y el principal origen de las emisiones está en el uso de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas). En el problema no hay que señalar con el dedo a nadie en particular porque las economías potentes, las pobres y las emergentes, todas son culpables. Esperemos que la preocupación nos haga reaccionar porque avisos ha habido y de poco han servido. Sólo hay que recordar que el Protocolo de Kioto, tan nombrado, y que ha intentado poner las bases para un cambio de rumbo, data de 1997.
Acercamos el problema a nuestro terreno. En España se ha conseguido al menos que el tema sea objeto de debate; se ha fijado la mirada en el transporte como uno de los causantes de emisiones nocivas que están enfermando el planeta. Aquí llegamos al punto que nos es más cercano y que mejor conocemos. Centrándonos en el tráfico ciudadano –los otros medios de transporte también precisan reformas- nuestra empresa es la clave de por donde debe caminar la solución: el transporte público como medio principal de movilidad en las ciudades. Todas las grandes urbes del mundo se lo han planteado, y en todas llegará la solución de la mano de dos premisas, grandes inversiones y cambio de mentalidad. Mientras se siga pensando que el transporte público es el recurso cuando no se cuenta con transporte privado, estaremos en una espiral sin salida.
También en esto hace falta un compromiso global entre Administraciones y ciudadanos. El único camino sería una apuesta plena de invertir en el transporte público para cubrir las necesidades de los ciudadanos y, con esa oferta, rebatir la razonable excusa de quienes dicen usar el coche privado porque el transporte público no es lo bastante bueno para su movilidad. Con esa apuesta ya realizada se podrán arbitrar medidas para convencer al ciudadano de que debe dejar el coche para moverse por la ciudad, haciéndola así más habitable. El convencimiento llegará también con medidas drásticas. No descubrimos nada nuevo, los expertos en la materia dicen que cuando aumentan las infraestructuras (facilidades) aumenta el tráfico privado, y que lo que sí se ha demostrado eficaz para reconducir el problema es, precisamente, reducir las facilidades dedicadas al coche privado.
Dentro de nuestras posibilidades Guaguas Municipales ha dado pequeños pasos para contribuir a mejorar la situación, pasos como probar guaguas de gas o implicarnos en los proyectos que promueve la Unión Europea para usar el hidrógeno como combustible. También cualquier campaña que se haga para promover el uso del transporte público es ya una útil contribución. Desde Guaguas Municipales pusimos una primera piedra en este tipo de campañas cuando, en 1999, divulgamos la idea de que una guagua con pasajeros es igual a 80 o 100 coches circulando. Estas iniciativas han tenido continuidad en el tiempo y el ejemplo más cercano es la campaña que el Gobierno de Canarias, con la colaboración de Guaguas Municipales, está haciendo en los colegios en este mismo sentido del beneficio que supone cambiar coche por transporte público.
En los últimos años son muchos los intentos que ha hecho la Unión Europea para potenciar el transporte público, y para que se utilicen energías limpias, pero avanzan con gran lentitud por la gran inversión que precisan. Hay muchas ideas pero pocos resultados. Se sabe que la parte del problema global que corresponde al transporte en las ciudades tiene como única solución un buen transporte público, movido por energías limpias. Esperemos que los avisos claros que el planeta está lanzando, y la preocupación desatada por las consecuencias presentes y futuras, consiga ese acuerdo global en el que todos estamos implicados.
Paulino Montesdeoca de la Guardia
Concejal de Seguridad y Movilidad Ciudadana
Presidente del Consejo de Administración de Guaguas Municipales